sábado, 18 de febrero de 2017

12 Palabras

Son las doce del mediodía. Hace un calor insoportable. La ventana está abierta y desde la escalera viene un aire infernal.
Estoy sentada en la mesa, pelando una naranja, que es mi desayuno preferido por la mañana, y miro pasar la gente en la costa con sombreros y sombrillas para atajar el sol. Suena un tango que me recuerda mi querido Buenos Aires. El aire es tan denso que derrite mi piel en transpiración, y mi alianza baila en el dedo anular como si se saliera. El cuarto está desordenado y sucio, hay un frasco tirado en el piso y es posible que ande por allí  algún roedor. El tiempo se suspende y parece un regalo con moño de seda.

Recuerdo haber escuchado el secreto y desde entonces estoy como en vela. Sin reacción. Como una viuda sin esperanzas. Por eso, tomo mi talismán y lo apreto fuerte con las dos manos sobre mi pecho para que todo salga bien y se cumpla mi deseo.





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