Entradas

Epistolar

 Ayer, 23 de abril 2021, se recordaba el día del Libro. Para no pasar desapersivido ese día, la Biblioteca Agustín Alvarez organizó un pequeño acto al cual también fuí invitada.  Leyeron algunas escritoras de la zona, relatos de su autoría.  No había llevado nada para leer, pues salí rápido, y sin pensar mucho, ya que en pandemia, la movilidad y reuniones están prohibidas, pero era solo un momento y con los protocolos adecuados.  La persona que me había invitado, me miró y me dijo: --¿No trajiste nada para leer?- con un tono de asombro por el hecho.  A lo que le contesté que no, que no había traído nada.  Pero recordé que en un archivo en el celular tenía un texto que había escrito el 10 de marzo de este año, cuando se había quemado la cordillera en ese lugar tan amado por mí: El paraje Las Golondrinas, en Chubut.  Así que cuando iba a finalizar el evento, pedí permiso para leer un texto, y me puse frente al micrófono, con los nervios de punta, y sin mirar mucho a los presentes que ser

Retomando la escritura en tiempos de Pandemia Mundial

 Después de mucho tiempo, he vuelto a abrir Blogger, mi página, El Sembrador de Palabras.  Ha pasado tiempo, y ya no soy la misma persona que hace unos años, recuperaba el placer de escribir y "vaciar" su mente de todas esas palabras que formaban un torbellino indescriptible, en los vericuetos del alma. Alli, donde la subconciencia aparece con formas indefinidas, con voces de personas desconocidas, o amadas que ya no están. Allí, en lo profundo de nuestra mente, en el "agujero negro" de la conciencia, allí, están todas esas palabras no expresadas, y que intentan salir a la luz del mundo.  Hoy es un domingo de verano, en Pandemia. Aquí, en esta parte lejana, ¿de dónde? del mundo, los casos están en su apogeo, pero las personas están hartas de tanto estar en sus casas, como si esto fuera tan fácil.  El sol estuvo brillando todo el día, y logicamente, hay que salir a tomar aire, como si eso fuera algo que no hacemos en forma constante. Aire fresco, fuera de la casa que

Dr. del Alma

  Médico del Alma Andrés cruzó la calle, justo en el momento que el automóvil giró en esa esquina, y lo atropelló causándole una dolorosa muerte.  Amanda, se sumergió en un absoluto silencio, interrumpido solo por el derrame de lágrimas que no podía evitar. Así pasaron los días, las semanas, los meses y también pasó la fecha del aniversario.  Su familia, madre anciana, e hija joven viviendo con ella, no sabían qué más hacer al respecto.  Un médico amigo les recomendó que consultaran con un colega especialista en el alma. Les anticipó que era muy peculiar, pero muy buen profesional.  El Dr. Fermín Machado entró a la vida de Amanda, con su sombrero de copa y su bastón con mango dorado luciendo su levita marrón impecable y su libreta negra de cuero para sus registros. Su bigote blanco denotaba su avanzada edad. Habló con la madre y la hija, haciendo un exhaustivo cuestionario sobre los hechos acontecidos, y las costumbres de la enferma. Con ello se hizo una idea de a quién tendr

Inspector de Olas

 Inspector de Olas  Con el tiempo, la humanidad tuvo que reconocer que necesitaban un Inspector de Olas. Los estragos que se producían por no prever la llegada de esos gigantes de agua que invadían todo y arrasaban con casas y construcciones, era evitable. Por ese motivo era uno de  los oficios más antiguos de la humanidad: el Inspector de Olas.  Había un ensayo y listado de requisitos que se necesitaban para poder siquiera anotarse, para ser tenido en cuenta, y rendir un examen riguroso que era considerado por las principales autoridades del lugar. Se lo ponía a prueba, y en caso de superar esos meses, los pobladores iban evaluando su trabajo con meticulosa seriedad. Estaba todo muy claro para quienes quisieran presentarse a ocupar el cargo, ya que era más importante que el del mismo intendente, aunque era este quién le pagaba el sueldo, por cierto muy alto, con los impuestos de cada ciudadano. Pero, si bien, este oficio era muy bien remunerado, había que estar muy atento las ve

El recolector de lágrimas

 17/08/2018 Microrrelatos  El Recolector de Lágrimas  Era una ciudad muy triste. Tan triste que el intendente contrató a un Recolector de Lágrimas en forma urgente y full time. No daban a basto con la tarea de juntar las lágrimas derramadas por la población y evitar de esa manera inundaciones y encharcamientos por toda la ciudad. Eran tantos los metros cúbicos que se producían diariamente, que poco a poco, todos los espacios abiertos destinados para plazas y recreación se habían transformado en lagunas, lagunitas, y pequeños arroyos que unían unas con otros.  La tarea del Recaudador de lágrimas consistía en recolectar las bolsas con el líquido elemento y trasladarlo a un lugar dónde se pudiera ir evaporando con el tiempo. Uds. saben que las lágrimas son saladas, y eso no permite una evaporación rápida, sino que se produce muy lentamente y al final quedan sólo los cristales de sal. Finos cristales que brillan como diamantes tallados.  Mar de lágrimas es el mar que se formó finalme

El caballo, el ciervo y el cazador

  Leí una fábula que me pareció muy interesante... La comparto con Uds.  Un caballo decidió vengarse de cierto venado que lo había ofendido y emprendió la persecución de su enemigo. Pronto se dio cuenta de que solo no podría alcanzarlo y, entonces, pidió ayuda a un cazador. El cazador accedió, pero le dijo: «Si deseas dar caza al ciervo debes permitirme colocarte este hierro entre las mandíbulas, para poderte guiar con estas riendas, y dejar que te coloque esta silla sobre el lomo para poderte cabalgar estable mientras perseguimos al enemigo». El caballo accedió a las condiciones y el cazador se apresuró a ensillarlo y embridarlo. Luego, con la ayuda del cazador, el caballo no tardó en vencer al ciervo. Entonces le dijo al caza- dor: «Ahora apéate de mí y quítame esos arreos del hocico y el lomo». «No tan rápido, amigo —respondió el cazador—. Ahora te tengo tomado por la brida y las espuelas y prefiero quedarme contigo como regalo.» «El caballo, el ciervo y el cazador»,

La caja de regalo

Apareció como lo hacen las musas, casi en sigilo. Miró todo lo que había alrededor, y se dispuso a observar un paquete tipo regalo que encontró sobre la mesa del comedor. Primero lo levantó y sopesó, parecía liviano. Luego con toda suavidad, desató el moño de cinta azul que lo envolvía. Sacó el papel brillante y apareció una caja, cuadrada. Era un cubo perfecto. Volvió a sopesarla y en su cara apareció de pronto una sonrisa simpática y seductora que hubiera desarmado a cualquiera. Buscó por donde abrirla, mirando con la cara inclinada. y con sus dedos insertos en el cartón logró su cometido.   Fue increíble observar el contenido. Y allí se quedó mirando absorta sin poder reaccionar. Ese regalo era importante. Era muy importante, no por el valor en sí de ese objeto, sino por el deseo de ella por él. Luego tomó el cofre de terciopelo azul y lo abrió. Lentamente vio el brillo opaco de las perlas satinadas y extrajo el collar. Era muy hermoso. Lo retuvo entre los dedos para sentir e