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sábado, 22 de junio de 2019

Tristeza Sublime




Hoy estoy con la poesía.
Desde muy joven escribo poesía.
Hace unos años, retomé el vinculo con ella. Sólo que ya no escribí rimas, ni pensé en amores juveniles, ni en niños. Esta vez la poesía viene cargada de bolsas pesadas que la vida se encangó de ponerme en la espalda, sobre los hombros.
Son las cargas, que la experiencia me ha llevado a tener, o a cargar, como quieran decirle.
Ahí va una que escribí en estos días, sin mucha prisa, y sin mucha esperanza.

        Tristeza sublime

A veces, solo a veces,
me invade una tristeza inusual,

una que me derrama lágrimas
por el cuerpo,
me congela los músculos,
me deja muda y ciega.

Atornilla mis movimientos
paralizando mi corazón
y me embalsama el alma.
Plomo y agua.
Pero solo a veces.

María Julia


miércoles, 29 de mayo de 2019

Regreso a la Santa María, en Sauce Pintos.



 La tropilla de caballos corría alocado, a lo largo del campo, bordeando el arroyo El Sauce. Desde la Santa María se veía el espectáculo en ese atardecer de verano, donde las chicharras y los grillos daban un concierto monótono cada día. El sol, fuego rojo en el cielo, caía derrotado al final de la tarde. El cielo estaba rizado de nubes teñidas de un fucsia intenso que se volvía azul, hacia el oriente. La tarde se derretía en un minuto mágico y todo parecía de otro mundo. 
Así recuerdo mi regreso a la casa de mis padres, esa tarde de febrero, cuando pisé suelo entrerriano después de treinta y cinco años de ausencia. 
Las voces se escuchaban a lo lejos, estaban sentados bajo unos paraísos antiguos que aún tenían su tronco arrugado y daban esas flores, con que de chicos hacíamos collares. Caminé por ese pasto verde y por la huella marcada del camino de entrada, dejando a mi espalda ese atardecer majestuoso, que incendiaba todo con su fuego sin quemar. 
La conversación era un murmullo, entremezclado con risas y corridas de los chicos. Los perros, cansados de jugar con los niños, estaban descansando de todo ese ajetreo inusitado. 
Sauce Pintos y la Santa María, estaban alertas con nuestra visita, entregando sus recuerdos y todos sus secretos. 
La casa, que había sido refaccionada, a principios de siglo, lucía imponente. 
Mi madre le había pedido a mi hermano, quién nos compró la casa, que no le sacara el estilo, cuando la hizo remodelar. Por fuera la casa era igual, por dentro se modificó significativamente. Con lo cual entrar, no era lo mismo. Sin embargo, vista desde afuera, era muy similar, casi igual. Cambiaba su arreglo, pero las vistas desde donde la miraras sabías que era ella. Esa casona que nos albergó en tiempos aciagos donde el dolor y la tristeza, sobre todo de mi madre, era una constante cotidiana. La casa, la que escuchó, y vió, todo lo vivido por la familia, esa casa estaba ahí. 
Ahora que el tiempo ha pasado y siento que ya no me queda mucho “hilo al carretel”, muchas veces pienso en la Santa María y todo lo que vivimos en ella. 
Tal vez vuelva algún día, antes de morir, a recorrer sus espacios donde aún viven mis padres, especialmente mi padre, al cual vi en alguna ocasión caminando por las galerías. Esa aún existe, la del Este. En esa galería y saliendo por la puerta de la cocina, ví a mi padre una madrugada de febrero varios años después de su muerte. 
Tiempo después le conté a mi madre, este hecho, ella me contestó con su voz calma y pausada. 
--Tu padre siempre anda por aquí, --me dijo--yo misma, le pregunto cosas y de una u otra manera, me da una respuesta. Aveces siento su olor en la cocina y otras veces creo que me rosa el brazo o la cara con sus manos ajadas. 
Nos quedamos en silencio. Era así, mi padre amaba tanto ese lugar. Era su lugar en el mundo. Ahora me doy cuenta. 

miércoles, 24 de abril de 2019

La noticia de que seré nona



            Estos días son un cúmulo de risas, alegrías y recomendaciones. Es que me contaron que “seré nona”, y la emoción ha desbordado mi corazón cubriéndolo con un bálsamo suave y acariciante que me abraza toda el alma. Un bebé que llegará en los próximos meses, cerca del verano, para delicia de todos nosotros. Habrá motivos para festejar la navidad y las fiestas de fin de año.
         Mi corazón se ha acelerado de una manera increíble. Pienso en nombres, en niños que se asoman a la ventana de mi vida, sonriendo. Los veo como esa foto de Dante, coloradito y muy blanco. Con ojitos pícaros y manecillas gordas.
         Es increíble como se transforma todo en en un segundo de la vida. Ahora mirarle la incipiente pancita a Rosario, me da una sensación de bienestar y paz. Ahí, en ese nidito, crece una “lenteja” que será mi nietito o nietita. Aveces digo que quiero un nieto varón, y después digo que no que quiero una mujercita, y me doy cuenta que lo que sea será con alegría y felicidad.
        La familia está feliz y sobre todo ellos, están plenos de alegría y felicidad. Hay que adaptarse a esta nueva perspectiva que nos da la vida. Tal vez es bueno, dejarse llevar por los acontecimientos sin dar mucha trascendencia, sino más bien, vivirlo con la plenitud de saber que todo estará bien y será con simpleza.
         Estaba pensando un viaje, pero ahora esta noticia a cambiado todo.
         Veremos que nos depara el destino.
          Por lo pronto, bienvenido bebe a nuestra familia. Te esperamos con mucho amor y alegría.


viernes, 12 de abril de 2019

Tiempos inciertos



Querido bloguer, estoy pensado en dejarte, porque siento que estos tiempos inciertos me desarman y no puedo tener el ritmo que quiero.
Hay tantas cosas para ver, leer, escribir, analizar, sentir que las horas son cortas y los minutos se evaporan sin remedio.
Estoy intentando poner mis ideas en claro, porque me lleva buena parte del día poder atender las necesidades inherentes a la vida misma, a mis mascotitas, y a las plantas que son "mi cable a tierra”.
Así que escribiré cuando pueda, cuando lo sienta así, sin presiones que me indiquen que tengo que hacerlo semanalmente con el cuidado que requiere todo texto que uno lanza a este ciberespacio universal.
Así que sepan disculpar las omisiones o errores de tipo o de los otros.
Escribo sobre esta hoja en blanco virtual, sin haber chequeado su organización espacial, su texto y coherencia. Escribo así cómo se salen las palabras naturalmente, sin demasiado análisis.
Sepan disculpar las equivocaciones pero la mente emocional me indica que sea de esta manera.
Hasta la próxima y sean felices que es lo único importante en este transito.

sábado, 30 de marzo de 2019

Querido Blogger

Querido Blogger

Hoy me informas, o yo caí en la cuenta, no sé bien cuál sería la verdad con certeza, que Google+ se eliminará del aire cibernético. Por lo tanto me pedías que mude mis datos antes de que desaparezcan definitivamente. Espero haber hecho las cosas como me pediste ya que todo lo que he escrito aquí, no tiene otro resguardo. Bah algunas cosas están en archivos de Penélope, mi compu, pero no todos, porque me gusta ver la página en blanco de este blog.
Así que hoy he mudado y hecho todo lo que me has pedido. Le puse nuevo nombre al Perfil y completé lo que pude con los datos que me pediste.
Puse una foto mía, en el museo de Nueva York que me encanta cómo estoy, y me siento identificada con ella. Esa soy yo.
Bueno, en esta nueva estructura, que no sé como se hará para difundir lo que uno escribe, intentaré seguir haciendo lo mejor que pueda. Aunque siento que avanzo con rapidez y me falta tiempo para poder escribir todo lo que quiero. Y eso está bueno.
Así que:
--Bienvenido nuevo Blogger y espero llevarme muy bien contigo y con tus nuevas herramientas virtuales.
Un abrazo y seamos amigos, que es lo único que vale.



jueves, 21 de marzo de 2019

Me cambian los ojos cuando viajo.

Sé que parecerá una situación misteriosa, pero cuando viajo, me cambian los ojos. No es que cambien su aspecto físico, no, no no. Siguen iguales, redondos, peídos, de color miel averdolado-(que es un color verde suave, pero su base en color miel).
Cambian la manera de mirar todo a su alrededor. La alegría que inunda mi alma y mi corazón, se impregnan en mis ojos. Casi como un bombón de chocolate cuando lo miramos y vemos con una especie de alegría, deseo y satisfacción por lograr ponerlo en nuestra boca y que estallen sus sabores, texturas y aromas en nuestra mente, pero nosotros estamos con los ojos cerrados, mirando hacia el interior.
Me gusta viajar y percibir esa sensación de sencilla plenitud, sin estrafalarios adornos que hagan ruido, sino con esa paz silenciosa y completa de la felicidad.
Caminar callecitas en subida y en bajada, descubriendo cuadros marinos al final, o bosques antiguos, verdes y solitarios que me invitan a descansar en ellos.
Salir en bicicleta sin rumbo, siguiendo a sus habitantes; sentir el ruido del tránsito y su trajinar cotidiano. Sentarme en el banco de una plaza, mirar a los transeúntes pasar, caminando rapidito, y pensar historias con sus caras, sintiendo que tal vez quizá, sean las de sus vidas verdaderas y reír por semejante imaginación.
Mis ojos cuentan otras cosas cuando voy de viaje. Se transforman y miran muy adentro. Recorren las calles, los caminos, las carreteras y las rutas, pensando la vida de aquellos que las transitan.Por eso cada vez que comienzo a planificar un viaje nuevo, trato de impregnarme con sus gentes, sus aromas, sus colores. Saco mi curiosidad a la calle y la llevo a descubrir adonde va. Así encuentro rinconcitos únicos, pasajes singulares, callecitas olorosas a pan recién hecho.
Pensar en un nuevo destino, estimula mis sentidos al máximo y buceo en ese mar de información e imágenes que me vinculan afectivamente, tanto que creo pertenecer a ese lugar mágico y sublime.
Ahora me estoy preparando con todas mis luces para encontrarme en callecitas azules, llenas de vericuetos, donde las mujeres llevan su cara tapada. Donde los aromas y condimentos son rojos y picantes. Ese lugar se me escurre como arena entre los dedos, y mis ojos se achinan para que el viento no los ciegue.
Voy a viajar a ese lugar exótico que me seduce y me mira con los ojos entrecerrados, con las pestañas empolvadas y el corazón palpitante de gozo.
Este lugar, tan esperado, tan estudiado, tan recorrido en mi mente, en fotos, en planos y en recovecos de mi alma, es un lugar amado, deseado, sentido.
Allí está donde el amor que nace en la hora mágica. Allí donde el sol es fuego incandescente. Donde el aire vibra en espejismos de cielo. Allí puedo sentir en mi piel la sensación, cálida y simple, de una milenaria forma de vida. Allí donde la arena se funde en la tierra,  como un remolino en esas noches donde el viento del sur sopla fresco y cálido a la vez, susurrando ignotas canciones tuareg.







lunes, 18 de marzo de 2019

Los aviones surcan el cielo en Sauce Pintos

Recordando historias, me acordé de cuándo pasaban aviones sobre la Santa María en Sauce Pintos. 
Mi madre, que amaba viajar, miraba esos aviones con la emoción de un viaje. Pasaban por sobre la casa y a una altura que se los podía ver claramente. En otras ocasiones solo escuchábamos su ruido a la distancia. Pero igual saliamos a mirar. Era un ritual, salir a ver el avión que pasaban. La imaginación se nos iba en ese ruido, y aveces en esa sombra en el cielo, que nos decía que iban personas allí viajando por el espacio. Yo soñaba con esos viajes, y de grande, cuando pude viajar en avión, recordaba esos días de nuestra infancia y las anécdotas con mi madre que tanto le gustaba ver pasar los aviones sobre la casa. 
Pensando en ese hecho, recordaba que mi abuela Leti, también esperaba la llegada del tren y con él, la correspondencia. Ese era un hecho que movilizaba diariamente a toda la familia, pero en especial a la abuela. Ni bien pasaba el “coche motor” ,como le decíamos, nos mandaba a la Estafeta Postal, para ver si había correspondencia. En ese tiempo la comunicación era de ese modo. Imagínense que no había nada parecido a Internet, redes y los teléfonos eran un lujo. De hecho para realizar una “conferencia” con otra persona era un trámite en una oficina. También se usaba mucho el telegrama, que se retransmitía por teléfono, y eso era lo más rápido que se podía y así se realizaba. 
Han pasado cuatro décadas de todo aquello, pero aún puedo recordar cada situación con mucha nitidez. 
La espera de los aviones, algunos días y horarios, era un acontecimiento en mi casa. 
Pasado el tiempo, mi hermano mayor, quién viaja bastante, me contaba que algunas veces, en los viajes en avión, utilizan la Santa María como referencia, ya que está en una altura y se ve muy bien desde el aire. 
Estaba, hace unos días en esa casa emblemática, y de pronto sentí el ruido de un avión. Inmediatamente miré el cielo azul celeste impecable, pero no vi nada. Ahí recordé cuando salíamos corriendo a mirar para ver quién lo veía primero, en aquella infancia en ese lugar mágico. 
De pronto noté que mis mejillas estaban mojadas y con lágrimas rodando por ellas, sin poder detenerlas, y miré al cielo, agradeciendo tantas experiencias vividas allí. 
Hoy, ya mayor, siento que todos esos ritos formaron parte de lo que fue nuestra niñez en Sauce Pintos, con la Santa María como un lugar fantástico y único. No tengo más que agradecimiento por lo vivido allí.