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Querido Blogger

Querido Blogger Hoy me informas, o yo caí en la cuenta, no sé bien cuál sería la verdad con certeza, que Google+ se eliminará del aire cibernético. Por lo tanto me pedías que mude mis datos antes de que desaparezcan definitivamente. Espero haber hecho las cosas como me pediste ya que todo lo que he escrito aquí, no tiene otro resguardo. Bah algunas cosas están en archivos de Penélope, mi compu, pero no todos, porque me gusta ver la página en blanco de este blog. Así que hoy he mudado y hecho todo lo que me has pedido. Le puse nuevo nombre al Perfil y completé lo que pude con los datos que me pediste. Puse una foto mía, en el museo de Nueva York que me encanta cómo estoy, y me siento identificada con ella. Esa soy yo. Bueno, en esta nueva estructura, que no sé como se hará para difundir lo que uno escribe, intentaré seguir haciendo lo mejor que pueda. Aunque siento que avanzo con rapidez y me falta tiempo para poder escribir todo lo que quiero. Y eso está bueno. Así que: --Bienve...

Me cambian los ojos cuando viajo.

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Sé que parecerá una situación misteriosa, pero cuando viajo, me cambian los ojos. No es que cambien su aspecto físico, no, no no. Siguen iguales, redondos, peídos, de color miel averdolado-(que es un color verde suave, pero su base en color miel). Cambian la manera de mirar todo a su alrededor. La alegría que inunda mi alma y mi corazón, se impregnan en mis ojos. Casi como un bombón de chocolate cuando lo miramos y vemos con una especie de alegría, deseo y satisfacción por lograr ponerlo en nuestra boca y que estallen sus sabores, texturas y aromas en nuestra mente, pero nosotros estamos con los ojos cerrados, mirando hacia el interior. Me gusta viajar y percibir esa sensación de sencilla plenitud, sin estrafalarios adornos que hagan ruido, sino con esa paz silenciosa y completa de la felicidad. Caminar callecitas en subida y en bajada, descubriendo cuadros marinos al final, o bosques antiguos, verdes y solitarios que me invitan a descansar en ellos. Salir en bicicleta sin rum...

Los aviones surcan el cielo en Sauce Pintos

Recordando historias, me acordé de cuándo pasaban aviones sobre la Santa María en Sauce Pintos.  Mi madre, que amaba viajar, miraba esos aviones con la emoción de un viaje. Pasaban por sobre la casa y a una altura que se los podía ver claramente. En otras ocasiones solo escuchábamos su ruido a la distancia. Pero igual saliamos a mirar. Era un ritual, salir a ver el avión que pasaban. La imaginación se nos iba en ese ruido, y aveces en esa sombra en el cielo, que nos decía que iban personas allí viajando por el espacio. Yo soñaba con esos viajes, y de grande, cuando pude viajar en avión, recordaba esos días de nuestra infancia y las anécdotas con mi madre que tanto le gustaba ver pasar los aviones sobre la casa.  Pensando en ese hecho, recordaba que mi abuela Leti, también esperaba la llegada del tren y con él, la correspondencia. Ese era un hecho que movilizaba diariamente a toda la familia, pero en especial a la abuela. Ni bien pasaba el “coche motor” ,como le decíamos, ...

El tiempo se va pasando

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El tiempo se va pasando, a veces lentamente, otras tan rápido que no alcanzo a parpadear.  Me da la sensación que no puedo cumplir con mis propósitos casi nunca, porque me distraigo con cosas superfluas, pero que me importan, y mucho. Por lo tanto no son tan superfluas.  Ahora mismo, ya es el medio día, y aún en ropa de dormir, abrigada, porque bajó la temperatura, sigo leyendo y escribiendo sin parar. Me siento rara por no seguir los “mandatos del sistema” que me dice las horas de cada actividad. Pero no tengo hambre ni sed, ni necesidad de ir al baño, cuestiones básicas que siempre me levantan de la silla y me disipan la concentración. Ahora estoy hace más de tres horas escribiendo, leyendo y procesando ideas y proyectos.  ¿Es que sólo me pasa a mí? no, eso es seguro. Tal vez no se reconozcan estas cosas que nos pasan por vergüenza. Es como si uno no hiciera nada de nada, y en realidad haces cosas que te interesan y la pasas bien, por eso te bancas la silla y est...

Las palabras se siembran...: La casa de mi infancia

Las palabras se siembran...: La casa de mi infancia : Me propuse escribir mis experiencias y anécdotas de vida, comenzando por mi niñez. La misma,  la que transcurrió a dos kilómetros de un peq...

Agua que cae del cielo.

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Llueve intensamente sobre la ciudad.  Hacía mucho que no llovía de esta manera. No es común que caiga tanta agua en tan poco tiempo. Y en esta parte del mundo, no estamos preparados para estos chubascos. Hay mucha gente evacuada, caminos cortados, y situaciones que preocupan a todos. Seguramente se cortará el suministro de agua potable, porque el río, de donde se extrae, vendrá con fango. Así estamos en esta ciudad del sur de ciento diez mil habitantes.  Ha crecido en estos últimos años en forma exponencial, como se ha deshabitado el interior de la provincia. Con sus mesetas y campos áridos, casi sin personas que lo habiten, más que algunos puesteros de las estancias cuidando ganado ovino.  Las casas no están preparadas para este tipo de lluvias torrenciales, rápidas y abundantes. Los techos no resisten y seden. Allí aparecen las goteras y con ellas las filtraciones en las paredes.  A mi me apareció una Gotera desconocida, en la punta del cuarto de dormir. J...

Un puñadito

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Mi abuela Leti era una gran cocinera. De ella aprendí a hacer dulces,  empanadas y pastas. Me enseño a cortar, a cuchillo los tallarines caseros y muchas enseñanzas que atesoro en mis recuerdos para hacer más ricas mis comidas.  Tengo su imagen, en el galpón que ella usaba de cocina, en las mañanas muy temprano, en una nube de humo azulado, revolver el dulce de higos, o de zapallo, y sentir ese aroma a vainilla que me penetraba hasta el alma. Aún cierro los ojos y la veo nítida.  Otra vez, verla amasar tallarines, y estirar la masa con un palote grande y largo. La masa enharinada, finita y amarilla. Luego doblarla con cuidado, y cortar al cejo, para que "salgan más largos los fideos". También aprendí a repulgar los bordes de las empanadas con una “apretadita” suave y de costado, --para que no se escape el jugo,-- decía mientras me mostraba cómo se hacía.  Tenía las manos cortas y dedos gorditos. Una mano que acariciaba el cuerpo, pero también el alma. Mi abuel...