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viernes, 13 de julio de 2018

La caja de regalo.



Apareció como lo hacen las musas, casi en sigilo. Miró todo lo que había alrededor, y se dispuso a observar un paquete tipo regalo que encontró sobre la mesa del comedor. Primero lo levantó y sopesó, parecía liviano. Luego con toda suavidad, desató el moño de cinta azul que lo envolvía. Sacó el papel brillante y apareció una caja, cuadrada. Era un cubo perfecto. Volvió a sopesarla y en su cara apareció de pronto una sonrisa simpática y seductora que hubiera desarmado a cualquiera. Buscó por donde abrirla, mirando con la cara inclinada. y con sus dedos insertos en el cartón logró su cometido.  
Fue increíble observar el contenido. Y allí se quedó mirando absorta sin poder reaccionar. Ese regalo era importante. Era muy importante, no por el valor en sí de ese objeto, sino por el deseo de ella por él. Luego tomó el cofre de terciopelo azul y lo abrió. Lentamente vio el brillo opaco de las perlas satinadas y extrajo el collar. Era muy hermoso. Lo retuvo entre los dedos para sentir el placer de su suavidad y rápidamente se lo colocó en el cuello. Tenía una camisa de lino blanca, así que le quedó a la vista por los botones abiertos. Bailó frente al espejo mirándose la joya emocionada. Giró sobre si misma en un paso de baile y se le dibujó la sonrisa más hermosa en su cara. Estaba feliz. Había conseguido lo que tanto había deseado: un collar de perlas naturales. 



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